Blog de Regina Salcedo Irurzun

miércoles, 27 de agosto de 2014

Borrador I


caída


Músculo de la ingle

crispa el puño

y caigo torre

chopo y su vigía

raja

que desea aprender

cualquier

lengua románica, rumano?

portugués?

Vigilo a este vigía

golpeado

 

/…/

 

¡Ah, es como un faro!

ojo de luz

girando

sin párpado, me ha visto

ya no sé lo que quiere

migajas en

mi palma de cepo:

aprender un idioma me decías

 

Una forma de ser

¿con otra voz?

/adelanto ahora mi sudor/

 

Una tabla gimnástica

vocal para

desenredar la lengua, la

cadencia

del habla nuestra, de otros,

¿de la tuya?

/adelanto los ojos/

 

No… ya no

estás

sino

subido

en la pétrea

vigilancia constante

vertical.


domingo, 17 de agosto de 2014

Ruido (III)




Intolerancia – ¿documento

o sanguínea? –

al ruidoso tentáculo que precipita el tiempo.

Viscosidad in crescendo
 

ocupando el espacio, agotando

cada burbuja de aire.



Boqueo.

 

(aquí dibujaría un pez agónico )



¿Vuestras branquias?

¡Vuestra aleta caudal!

Habladme de ellas.


lunes, 11 de agosto de 2014

Estoy quieta, sentada




Estoy quieta, sentada

en una silla, haciendo casi

nada.

El presente parece realmente

existir 


como algo prolongado.

Escucho las ciruelas precipitarse

una a una

desde la rama al suelo.

Su sonido atravesando hojas

imita pasos, el sutil merodeo

de un animal pequeño.

Todo esto –me digo sin decir– en fracción

de segundos.

Y sin embargo no alcanzo a ver su vuelo,

tan fugaz.

Me sobrecoge el vértigo

que contiene la calma.

Que seamos capaces

de concebir ahoras

sumidos por completo en el torrente.


Entonces; el pájaro, el madero, yo misma

a igual velocidad 


a diferentes ritmos.



miércoles, 6 de agosto de 2014

PLANES SOBRE FUTURAS PUBLICACIONES




Tener un hijo en Pickering


Tener un hijo en Pickering

que quizá coma helados,

acabe sus estudios

o fracase.

Que lleve su existencia sobre la lejanía insulsa

de sus hombros,

en completo mutismo.



Ese blanco silencio me inflamará de orgullo.



Tal vez me lleguen fotos de destellos puntuales:

su graduación, su boda,

su lucio de diez kilos…



Igualmente me sentiré orgullosa.



Los escuetos saludos que los vecinos crucen

con él en el rellano

será más de lo que conversemos nunca.

Su médico conocerá su recto

mejor de lo que yo jamás sus manos.



Y esta sana ignorancia será mi mayor triunfo.