Blog de Regina Salcedo Irurzun

jueves, 6 de diciembre de 2018

Las nubes de Miyazaki


Quizá sean las nubes… siempre cumulonimbos       
super
cumulonimbus
desordenando el cielo
-quién no saboreó
esta nube de letras
esponjosa-explosiva-
de las pocas lecciones que aprendí
sin apenas tratar
siguiendo su dibujo con las yemas
redondas de los dedos:
estratos, cirros, nimbos
nimbos, estratos, cirros
cirros, cúmulo
nimbus
hinchadas mofletudas
cargadas de nostalgia y levadura.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Un poema para Miyó Vestrini



El año de tu muerte yo andaba escribiendo mierda.
Con diecinueve años hablaba de regresos, de desandar caminos.
Me inventaba nostalgias, confundía espinillas con heridas abiertas, pustulosas.

Justo en el otro lado y del revés, tú te follabas trenes, malecones. Le arrancabas la piel a las palabras, los ojos a los viernes con carne en mal estado, con sábanas manchadas de fritanga y de lefa.

Tu rabia incontenible daba hostias abiertas a médicos de guardia, a lonchas envasadas de jamón, a niños con piojos, al iodado jabón que untabas en tu cuca, enfurecida también, dividida entre el fuego –su fantasma– y la ceguera blanca de una lombriz de tierra,
abominable,
afónica.

De haberme aproximado a tu cósmico incendio, me habría chamuscado como costra de cerdo, esa que tiene pelos todavía adheridos
y apesta al consumirse.
Ni siquiera su grasa –sin sustancia– te habría alimentado, o manchado tus dedos, o frenado las suelas de tus zapatos sucios con espuelas.

De haberme aproximado, ni siquiera te habría distinguido
entre el enjambre humano de moscas y parásitos. Este enjambre
en el que sigo inmersa y desde el cual te leo, me revuelvo, me arrecho
y me cago en el tiempo, en la reputa vida que te jodió la vida sin remedio.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Una crítica a "Mujer varada", de Regina Salcedo

Traslado aquí el comentario de  Pablo Miravet (escritor, corrector y también editor de la revista de arte y literatura Canibaal) sobre Mujer varada.


 «Esperaba un poemario al uso y me encontré con un texto muy peculiar, diferente. He empezado a padecer el síndrome del «lector de anticipación» (deformación profesional) y no puedo evitar la tentación de escudriñar todos los textos que leo con la maligna lupa del detector de fallos –o mejor, con el escalpelo del cirujano gramatical–. En general me pareció un libro bien escrito y compacto –a pesar de su carácter fragmentario–. El léxico me gustó mucho: nada afectado, nada rebuscado, nada relamido, pero muy rico, muy refinado cuando así lo reclama la idea expresada –y, sobre todo, eficaz y sabiamente administrado desde el punto de vista referencial–. De cualquier modo, lo que verdaderamente me gustó de Mujer varada fue el tono –o mejor, la entonación general– del libro, el color de su dicción, la (a mi juicio, nueva) modulación de una voz poética que, si bien nunca ha eludido la condición trágica de la existencia –sin caer jamás, eso sí, en la gesticulación gratuita ni en el histrionismo autocomplaciente–, en este libro da un paso adelante y, mediante una sabia combinación de pasajes de tenor altamente intimista y de tramos que constituyen una suerte de sutil nota al pie sobre lo exógeno –sobre el mundo–, nos regala un libro maduro, sereno, duro y, por momentos, conmovedor.»
Pablo Miravet




martes, 20 de noviembre de 2018

Me dejo arrastrar por la palabra tras leer unos versos de Mario Montalbetti



La palabra me arrastra, no está bien
que la palabra me arrastre, que la frase me arrastre,
que yo pierda el silbato y el traqueteo rítmico
de este tren desbocado me pase por encima.
Pero oye, qué gusto
ser arrastrada a veces, sólo ver, desde el suelo,
hacia dónde te llevan,
mansamente .
Te dejo que me arrastres, no me importa
hasta qué plaza pública u otro lugar común
rodeado de tópicos, de árboles
iguales
cuyos nombres repito de memoria,
cuyos troncos conozco como mis propias pecas,
tan vulgares
que han desaparecido, que han perdido hasta el habla.
Quizá no esté tan mal, de vez en cuando,
dejar que la palabra nos atrape y su anodina inercia
nos  arrastre unos metros
igual que arrastra el viento la sámara del fresno.



domingo, 11 de noviembre de 2018

"Mujer varada" en la revista Low-fi Ardentía

Por si os apetece conocer algo más de Mujer varada (Marisma, 2018):

https://lowfiardentia.com/2018/11/11/5-poemas-de-mujer-varada-de-regina-salcedo/?fbclid=IwAR03InuWXvE_CAl7WqucqIfY-bv_ormmS_huVxCxstqocU3_NHIu4Jz5Zb8

La maravilla extraña de ser yo


Igual que miro de frente mi reflejo mediocre,
admiro la maravilla extraña de ser yo.

Es lo que me repito, lo que quiero creer.
Sin embargo, la segunda sentencia es solo un rezo
que suelto de memoria.
Si lo razono, veo que es una afirmación
irreprochable, pues es cierto
que en todo el universo
no hay otra igual a mí.
Como por otra parte le ocurre a cada ser:
un perro, un avellano,
una pirita, Hitler.
No sé dónde está el fallo,
por qué a mí no me alcanza
ese gozo epifánico
que se supone otorga
obviedad semejante.



martes, 6 de noviembre de 2018

Porque todas las puertas se parecen



No se ve mal del todo, así que dejémoslo estar.

Puede que la puerta chirríe y ese chirrido sucio te desgarre, te retuerza, te dé un buen derechazo. Pero, en fin, si somos objetivos hay que decir que se abre y se cierra sin problemas.  Cumple perfectamente su función, aunque sea una puerta de lo más anodina. Barata. De las que les pusieron a todos los vecinos. En estos edificios de (des)protección oficial.

«Ahora ya no se construye como antes».

Por otra parte, ya sabes que casi todas las puertas acaban pareciéndose.

A veces solo importa lo que guardan. Y lo que dejan fuera.