miércoles, 18 de abril de 2012

LA ÚLTIMA DESVENTURA DE ADÈLE BLANC-SEC



LAS EXTRAORDINARIAS AVENTURAS DE ADÈLE BLANC-SEC 3
Norma Editorial, 2012


Yo dediqué un relato entero a la boca de Adèle Blanc-Sec. Era un homenaje a su boca y por extensión a toda ella y sus folletinescas historias. Historias llenas de toda clase de monstruos y villanos. Historias también repletas de calles, avenidas, bares, parques, tejados, edificios, hogares, puentes y cloacas de París. No hay París más parisino, misterioso y sugerente que el de Tardi. Eso siempre me ha molado, es un placer recorrer esta ciudad con él y disfrutar con cada uno de sus detalles (además te ahorras el frío y los parisinos).

Estaría bien dedicar un día a describir en profundidad el hermoso y decimonónico París de Tardi acompañándolo con sus coloridos dibujos (lanzo la idea a ver si alguien menos vago que yo se anima, o, espera, si buscáis en google seguro que ya hay algo hecho al respecto). Es un  topicazo como una gárgola de Notre Dame pero aun así diré que París es un personaje más en las historias de Blanc-Sec y, como todos ellos, es un personaje de trazo enérgico, con mil máscaras, luces, sombras y también ironía, humor negro o disparatado a veces, y mucha, mucha fantasía.

Bueno, venimos a parar… que me compré hace poco el último número de esta saga que desde 1976 ha ido publicándose con cuenta gotas. El último número, el octavo, creo que salió en 1999 o alrededores (no me hagáis mucho caso), es decir, que hacía  un porrón de tiempo que no sabíamos nada nuevo de la gordi semi alcohólica y bastante borde de la Blan-Sec y por eso yo (y supongo resto de seguidores) le tenía muchas ganas.

Antes de seguir aclararé para los herejes que no conocéis estos cómics que las aventuras de Adèle son una especie de parodia de los folletines detectivescos y de aventuras, un Scooby doo de principios de siglo  XX con más mala leche y más calado, donde su autor disfruta sacando y entrecruzando docenas de personajes y de sub tramas que al final, cómo no, confluyen igual que en un baile creando un círculo perfecto. Tardi siempre ha sabido orquestar todo este follón de elementos con la maestría de un gran director, siempre bordeando los límites de la confusión y la sobredosis de enrevesamiento. Siempre ha sabido jugar como ninguno con los excesos, aprovecharse de ellos sin sufrir sus zarpazos.

Hasta ahora. ¡Dios mío de mi vida y de mi corazón! ¡Qué bodrio de historia! ¡Qué despropósito! Si no fuera porque sus dibujos son tan excelentes como de costumbre podría cogerse el libro y con muuuucho cuidadico tirarlo a tomar por culo. Sí, así es. Me cuesta decir esto de uno de mis grandes autores franceses pero no me queda más remedio.

Uno inicia la lectura del cómic y siente como si tuviera que recoger llaves del suelo en una habitación llena de prometedoras puertas cerradas. “Vale –se dice- es normal en esta clase de historias empezar sembrando interrogantes, acumular cierto grado de caos e incertidumbre”. Entonces te dedicas con amor y fe ciega a etiquetar esas llaves con cuidado; pones nombres a los numerosos personajes que van apareciendo, vas hilando las distintas tramas, etc, etc. Pero ocurre que se suceden las páginas y tú continúas acumulando llaves y más llaves y todavía no has abierto una jodida puerta y  llega un momento en que se te empiezan a escurrir las llaves de las manos y ya no te quedan ni pegatinas ni putas ganas de seguir intentando clasificarlas.

Puertas cerradas demasiado tiempo para luego dar paso a un cuarto de las escobas desordenado y oscuro. Un cúmulo de decepciones. En definitiva una ausencia total de historia, de objetivo, de todo!
Tardi parece haberse propuesto en este libro superar al propio Tarantino y abusa de los flashbacks, del cruce de historias y personajes de tal manera que uno se agota rápidamente.  Porque no hay tiempo para crear una continuidad, los saltos son demasiado frecuentes, dos viñetas y hop, a otra cosa, mariposa. No hay tiempo para que la historia haga progresos, coja cuerpo, se asiente (si por lo menos la historia fuera buena…).

Para más Inri, Tardi decide sembrar los bocadillos de texto con un enjambre de asteriscos que te obligan a ir al final de la página para leer aclaraciones que son siempre la misma: *Véase Adèle y la bestia, *Véase Todos los monstruos, *Véase Adèle y su puta madre! ¡Por dios bendito, Tardi! ¿Qué esperas, que leamos este nuevo cómic con los otros ocho al lado y vayamos buscando a cada paso el personaje correspondiente? ¿O crees que somos tan, tan frikis que nos conocemos de memoria los tres mil personajes que has ido creando desde el 76? (que los habrá, eso seguro). Supongo que en su momento te parecería buena la idea de hacer un refrito de sabor nostálgico con todos los personajes secundarios de la saga pero, ojo, los refritos, las salsas sirven para acompañar a un primer plato, por sí solas no alimentan ni tienen fundamento.

En fin,  una calamidad. Una calamidad que ni siquiera se cierra. Y el resto de las historias que acompañan al libro (y que no son de la señorita Blanc-Sec)  tres cuartos de lo mismo. La única que se salva es El demonio de los hielos.

Si os gusta Tardi os recomiendo que os compréis este último libro en sueco o en cualquier otro idioma que desconozcáis. Así la mierda de historia no os impedirá disfrutar de unas ilustraciones maravillosas.

Esperemos que Tardi después de este patinazo recupere su buen hacer porque da la impresión de que este es un libro hecho por compromiso, sin ganas; vamos, que el tío se dijo: “Voy a sacar cualquier cosa para que estos putos fans de la Blanc-Sec  dejen de darme la murga”.

martes, 3 de abril de 2012

Comienza la Semana Santa

Esta es la única procesión a la que me vais a ver asistir: ¡Que la fuerza esté con vosotros, hermanos!

martes, 20 de marzo de 2012

Los Inmortales, Manuel Vilas

 Redimir la perversión

Siempre me asombra la capacidad terrible del ser humano para la destrucción, y también para la Perversión. Un gesto, un acto de dolorosa violencia  unido a algo que era bello, limpio en principio y todo queda contaminado para siempre. Pienso esto mientas leo Los Inmortales de Manuel Vilas, cuando uno de sus personajes narra las atrocidades sufridas a manos de sus violadores:

-Yo fui violada a los trece años -dijo Nico-,  [...] y mientras hacían todo esto ponían en un aparato de música portátil Hey Jude de los Beatles. [...] Desde entonces no puedo escuchar estas canciones.

Y es curioso, esa Perversión de lo Bello sólo puede redimirse por medio  (o sólo dentro) de la Creación: de la literatura, de la pintura, del cine. Pensad en esa escena de Resevoir Dogs, la famosa de la oreja, sí.  Tarantino, ese coreógrafo genial de la violencia, hace las dos cosas al mismo tiempo: Primero pervierte la canción de los Stealers Wheel al tornarla en un macabro acompañamiento para ese acto brutal de tortura y también gracias a ella, a su perfecta y macabra unión, eleva el acto violento a otra cosa, a la categoría de Arte (porque es una ficción y sólo ahí es posible llegar a esto).

Ahora si yo os pongo la canción Stuck in the middle of you sin imagen alguna ( y si habéis visto la película, of course) vuestras sensaciones se dispararán en todas las direcciones, en direcciones curiosamente opuestas: horror, asco, rechazo pero también ritmo, belleza, humor negro, genialidad.

¿Esto es todo lo que tengo que decir sobre la novela de Vilas?  No, claro, pero es lo que me ha apetecido. Quizá otro día os cuente más.

martes, 21 de febrero de 2012

Cosas que los nietos deberían saber, Mark Oliver Everett


No sé por qué compré esta autobiografía. No sabía quién era Mark Oliver Everett, ni tampoco conocía a su grupo EELS. Ni había leído ni oído crítica alguna sobre el libro, ni siquiera sabía que era una autobiografía. Lo vi en una mesa, me gustó el título, me gustaron los pájaros de la portada (que por cierto, tienen que ver con una canción llamada I like birds) y decidí que era un buen regalo para mi madre que cumplía años. (Tenía prisa, lo admito)

Luego me olvidé de él hasta que mi madre me dijo que le había gustado mucho y que lo leyese. Que había sido un poco duro para ella la parte en la que la madre muere de cáncer de pulmón.

Joder. Caguen la puta, qué casualidad pensé. Vaya ojo el mío: seré imbécil. 

O quizá no sea tanta casualidad. Si me pongo a pensarlo últimamente he visto mucho cáncer de pulmón impreso, que ahora mismo recuerde en Auster, Zorn,  McCarthy, Eudora Welty… En fin, que no puedo evitar que el recordatorio de la enfermedad se cuele por cualquier rendija. En esta puta vida no hay una sola habitación bien sellada.

Es como cuando estás embarazada, de pronto te parece que no haces más  que ver preñadas por todas partes. Todo va sobre nacimientos. Todo el mundo espera un hijo. 

Y todo el mundo espera también la muerte.  

Así funciona esto, momentos en los que sientes que la vida te llena y momentos en los que sientes el peso desgarrador e insoportable de la fragilidad del ser.

Y de eso más o menos habla (y canta) el libro. De cómo ser una cucaracha que sobrevive y disfruta de su día a día pese a todos los venenos que le pone el destino por delante, -y joder si a Everett le han puesto bien de venenos mortales en el camino-.  Todo es posible, dice E, si uno encuentra su clavo ardiente que en su caso, obviamente, es la música. “La música es mi familia” dice casi al final, cuando ya no le queda nadie vivo. La música es su pasión, su razón de ser, la música es su salvación. 

Por eso es de entender que le tenga tanto respeto y que ese respeto le haya ayudado a no hundirse en un mundo repleto de gilipollas y de ocasiones para convertirse en un gilipollas sin alma, un vendido o cuando menos, un amargado.

Yo creo que no podría sobrevivir en un mundo tan falso, tan estresante, tan inestable y engañoso como nos pinta –sin aspavientos ni exageraciones- Everett. Creo que me falta el exoesqueleto necesario. Y vuelvo a acordarme de Emy, de Kurk, de tantas otras almas engullidas.

Ojalá hubieran sido nietos de E.

En cuanto al valor literario del libro, bueno, en este caso lo salva su sinceridad y su frescura. El hombre no está tratando de escribir la novela del siglo. Hay que aceptarlo por lo que es.
A mí además me ha servido para conocer a un gran músico. 

Y tiene gracia, ahora que  he buscado a Everett en google, que he comprobado lo famoso que es realmente el tío, he sentido algo curioso, como si hubiera visto  al pringadillo friki del vecino convertirse en una estrella del rock ante mis ojos. 

Justo lo contrario que supongo experimentarán los fans de EELS cuando lean el libro y descubran que el gran E, ese personaje ficticio, lejano, exitoso, también es una persona de carne y hueso que tuvo que limpiar la mierda de su madre enferma o hacerle el boca a boca al cadáver de su padre, y cargar y vivir y crear y crecer con todo ello.


sábado, 28 de enero de 2012

Pulittzer English II



Ya hemos sacado el segundo capítulo del juego! Pero la máquina no para y hay que seguir produciendo. No sé cuándo podré retomar el blog, no tengo tiempo ahora mismo para hacer nada medianamente decente. Así que decidido; me tomo unas vacaciones oficiales hasta que la cosa se relaje, creo que será allá por mayo, cuando termine un curso que también estoy impartiendo.
Demasiado curro para un cuerpo que se cae a pedazos...


Saludos!

martes, 27 de diciembre de 2011

Pulittzer English



Bueno, aquí está, el primer episodio de Pulitzer, el juego para aprender inglés en el que estoy currando y por el que no tengo tiempo ni de rascarme. Pronto sacaremos el episodio 2 y el 3.

Parece mentira lo que cuesta hacer un  vídeo juego, por muy sencillo que sea (como el nuestro), y más si sólo cuentas con un pequeño equipo  y recursos limitados (eso sí, cundimos como 70 y suplimos las restricciones a base de mucho ingenio :) Estamos muy orgullosos de los resultados.

Pues nada, ahora a esperar  si funiciona, y a ver si podemos seguir adelante. Os animo a que le echéis un ojo! Sed magnánimos, es el capítulo piloto, de prueba y estamos aprendiendo mucho todavía.

http://pulitzerenglish.com/

¡Espero que os guste!

martes, 22 de noviembre de 2011

¡Delincuencia es la vuestra!

Tras las elecciones en este país de gilipollas me viene a la cabeza una canción de La Polla Records que tiene ya unos añitos, (joder, la oía yo cuando iba al instituto...) pero que sigue desgraciadamente tan vigente como entonces, y seguro que dentro de poco la podremos cantar cada vez con más ganas.