Blog de Regina Salcedo Irurzun

viernes, 27 de diciembre de 2013

INMIGRANTES






Hay días para que nuestra carne se pliegue y se agazape

tras un hueso o un ganglio o cualquier recoveco.

Hay días sin linternas, días ciegos,

días para el oído y el olfato.

Días para volverse piel adentro

y hozar en los deshechos hasta encontrar el rastro

de esa especie invasora que algún turista ingenuo se trajo de recuerdo

en su último viaje hasta otro pulso.

Hay días para arrancarse el nombre y las arrugas

y llegar a la cueva de la pequeña bestia forastera

y lavarle las patas,

quitarle las espinas,

darle la bienvenida y una tarjeta azul de residencia.





sábado, 21 de diciembre de 2013

ARDER





Son vibrantes tus labios cuando clamas que la vida se inflama en los extremos,

que entregarse al exceso es el único vino de las células.

Es hermoso escucharte, tan joven y tan pocas tus heridas. Verte dormir ardiendo.

No te contaré aún la rapidez del fuego, los huérfanos erizos que dejan los incendios,

ni el puñado de millas de desierto, de falta de ti mismo, por las que vagarás

olvidado del agua, devorado de sed.



domingo, 15 de diciembre de 2013

FARO







Sobre el ruido continuo cabalgan perlas únicas pero tú las confundes, las hilas junto a todo 


lo demás, tan pegado al oído está el murmullo

incesante, tan pegado que crees que eres tú, tu propia voz y aún más.

Un faro.

Algo así habrías de erigir en otra orilla. Y desde él arrojar la luz del desapego,

la luz descubridora,

la luz que se somete a una voluntad decidida a salvar barcos de pesca,

los cargueros cargados de mercancías válidas y que deja marchar, a la deriva, los navíos 


fantasmas, los cruceros,

las islas de basura que la marea arrastra cíclicamente,

cómplice de satélites neuróticos. 



Esa orilla, tan fácil de nombrar, has de ganarla, como el orgasmo pleno de una amante, 


centímetro a centímetro,

trayendo a la conciencia cada tramo de piel, cada punzada

anudada al presente de forma irremediable. Y una vez sea tuya,

vivir allí con un desdoblamiento de figura y su sombra,

de espejo y su reflejo.

Sin fisuras ni estridencia alguna.





domingo, 8 de diciembre de 2013

ENERGÍA





Deseas dominar la anárquica energía de tu cuerpo,

entender qué corrientes la desplazan,

qué nubes la originan, desearías ser

la sibila que lee sus caprichosos vuelos

y anticipa su pecho para la comunión.



Ahora te preguntas cuándo ocurrió el desastre

y os separasteis ambas, continentes

flotando a la deriva dentro de un mismo océano redondo.

No puedes comprender el porqué de esta guerra

civil entre tus manos, este espejo estrellado

reflejando pedazos de un solo firmamento.



Has olvidado, temes, la palabra y el modo de enunciar este fuego

para que sepa arder sobre la leña,

para que dosifique su sangre entre tus órganos

y no cabalgue loco como un caballo en llamas.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

EL EVANGELIO DE JUDAS, Alberto Vázquez







Dios hace las cosas (o Jodorowski, no lo tengo muy claro). Después de la ración de entrañable monería de Hermosa Soledad (aquí), llegó a mis manos El Evangelio de Judas, de Alberto Vázquez.

Y resultó que era justo y necesario (justamente lo que necesitaba para resarcirme).

Pese a tener algunos puntos flojos -a mí la parte central con la historia de Jesús Cristo editor es la que más me ha gustado con diferencia-, en general me ha parecido un libro interesante, un libro que, sobre todo, me ha descubierto a un autor con mucho potencial al que seguiré leyendo. Un libro que, aunque no redondo ni uniforme, tiene unos cuantos puntazos.


Primer puntazo: que el protagonista sea Judas, una ardilla católica que abraza la fe cristiana tras haber tocado fondo (lo normal en este tipo de roedores, vaya: drogas, sexo, autodestrucción…), y que en esa conversión desesperada se abrace precisamente al lado más oscuro: la culpa, el pecado, la idea del bien sólo como fin necesario para obtener la gran recompensa. Vamos, que hay tipos nacidos para torturarse.


Segundo: reconozco que esto es algo muy personal y tiene que ver con algún trauma debido a mi educación en colegio de monjas. Me pone un montón cuando se juega de forma irreverente (e inteligente) con la figura del hijo de dios (todavía me rio con algunas escenas de La vida de Brian). Que aquí Jesús Cristo sea un frívolo editor con el poder de decidir a quién encumbra hasta cielo de la gloria literaria y a quién abandona en el purgatorio del anonimato, me encanta.
                               


 

Tercero: las ilustraciones. Vale: no es nuevo el recurso de utilizar diferentes estilos dentro de la misma historia, lo difícil es hacerlo de manera que tenga fundamento y añada significado y fuerza al mensaje, que es lo que hace Vázquez con naturalidad y una personalidad indiscutible.
       

Cuarto: también personal. Me atraen los libros que ahondan en el tema del proceso (calvario) creativo, en la carrera de obstáculos para llegar a editar, en las cuchillas de doble filo que se encuentran en el camino, en las traiciones y las auto traiciones (muy Judas, sí), en la vanidad, el ego, los críticos, la envidia, la subjetiva verdad…
Vázquez va presentando todos estos temas sin concluir en lecciones aleccionadoras, dejando que sea el lector el que interprete y reflexione. La narración presenta los hechos y sugiere, no es explícita ni cerrada. ¿Hace bien Judas en seguir con su vocación artística? ¿Es realmente tan importante la vocación, se puede vivir sin ella, se vive más feliz? ¿Merece la pena tanto sufrimiento? ¿Es tan malo traicionarse? (Imagino que aquí habrá mucha parte autobiográfica).


Último puntazo: que se juegue desde el título con la figura del Judas alternativo, ese Judas ojito derecho del Señor cuya traición obedecía a un plan divino elaborado de antemano y el paralelismo con la historia de Judas, la ardilla, dibujante de cómics y fanzines.


Como digo, un cómic muy abierto a interpretaciones variadas. A mí me ha invitado a mirar desde otra óptica la relevancia del fracaso, de nuestras meteduras de pata y (auto) decepciones. A ir un poco más allá de la evidente lección sobre aprender de nuestras caídas, sobreponerse y no tropezar en la misma piedra, a considerar también, me refiero, la opción contraria, la de no huir de esas experiencias negativas, la de concebirlas y asumirlas como parte del plan (del destino o la vida, llamémoslo como mejor nos parezca).

Todos llevamos dentro un Gollum que nos repugna, que nos empuja por caminos sinuosos y nos pone trampas, y al que, evidentemente, quisiéramos ver muerto. Tal vez deberíamos pensar en las palabras de Tolkien (si me perdonáis el frikismo) cuando dice que el monstruo tiene un papel que cumplir, para bien o para mal, antes de que todo esto acabe.