Blog de Regina Salcedo Irurzun

martes, 25 de febrero de 2014

MENTIRAS








Nadie se expone más que cuando miente,

cuando miente de veras jugándoselo todo.

No he sabido mirar de frente a la mentira,

confundía sus ojos con sus dientes

bajo el pelaje espeso mezclado con la noche.

No tenía paciencia para verla salir de su escondrijo

y contemplarla al sol,

desperezando el cuerpo en su justa medida,

su sombra definiéndose en la hierba.

Y observándola muda,

a prudencial distancia,

acabo conmovida por la fragilidad,

la inocencia bendita de su miedo.




jueves, 20 de febrero de 2014

VUELVE EL INCENDIO A TI




Vuelve el incendio a ti.

Te meces y adormeces en la cuestión errónea.

Buscas los combustibles,
 

la chispa primigenia.

Estéril inmersión

mientras el fuego quema

versos irrepetibles celebrándote.





sábado, 15 de febrero de 2014

POEMA





Aquí no caben las demostraciones.

Desde que impongo un aro rodeado de fuego

y embadurno mi pelo en brillantina

la verdad se escabulle sigilosa

y mi pequeña bestia, mi niña asilvestrada

pierde el ritmo espontáneo de su aliento,

la cómoda distancia entre sus pasos

cuando camina o se detiene en seco

o rueda despeinada por la hierba

o echa a correr de pronto chocando con las ramas de los árboles,

llorando, riendo enloquecida.


sábado, 8 de febrero de 2014

ANTES, CUANDO NADIE MORÍA




ANTES, cuando nadie moría, todo pesaba más. Era difícil cercenar la carne, 


la sangre era tan densa que no se deslizaba como el agua por las alcantarillas. 

Goteaba tan lenta.

Éramos como árboles.

Cuando uno caía se detenía el mundo: estupefacto en torno a su cadáver

entramado de nombres, de metales, de columnas antiguas enraizadas.

Caminábamos dejando en las aceras huellas que ningún mar 


se atrevía a borrar.

Formábamos un tejido extraordinario y sólido y nos mirábamos

porque nuestra mirada lo sostenía todo. No dejábamos de mirarnos

a los ojos.

Antes,

cuando nadie moría realmente.



domingo, 2 de febrero de 2014

SIMULACIÓN




No lo llames alud cuando tú vas guiando el paso del derrumbe

aunque los banderines ondeen bajo tierra,

aunque apenas se intuyan los hilvanes cosidos a su voz.



Nos gusta tanto el juego de la simulación

que olvidamos el patio de butacas e incluso las poleas que mueven a los santos, 


la tramoya invisible en nuestra sombra.



Dejamos a las zarzas invadir el jardín y enseguida la lengua nos traiciona 


y clamamos salvaje, selva, libre.



Sólo presta atención

y si decides darte, date entera

porque hasta la imitación más exquisita de un brote de judía

guarda el tacto del plástico.