Blog de Regina Salcedo Irurzun

lunes, 27 de enero de 2014

VENTANAS ROTAS




Ahora, mires a donde mires, todos los edificios tienen ventanas rotas,

las mañanas con sol tienen ventanas rotas,

las flores en tu lengua tienen ventanas rotas,

las caricias,

los triunfos,

el futuro

es un invernadero de simientes cerradas

con todos los cristales reventados,

trocados en navajas.


martes, 21 de enero de 2014

EXPLORADOR




No permitas al orden salir a poner orden.

Vive bajo los párpados.

Ojos de piedra entonces.

Ser libres exige todo el metal del reino, reunirlo

para forjar las lanzas sobre las que apoyarse,

hacer guardia de pie con la mano cerrada sobre el filo.

No dejar de sangrar, de marchar rompiendo el ritmo interno de las filas,

no dormir

porque el enemigo respira con nuestros alvéolos,

está mezclado en el humo de nuestras chimeneas,

en el pulso mecánico de nuestros atabales. Se halla aquí,

en cada frase como una cucharada de miel y en cada manotazo,

cada fragmento irregular del tarro contra el suelo

- aún por estallar-.

Todo esto

antes de convertirte en ese explorador con el que sueñas.


domingo, 12 de enero de 2014

ESTO ES UNA HUIDA




Esto es una huida,

una espantada.

Simientes

sobre el viento

hacia la incertidumbre.

Futuro es el estómago de un perro,

y el ombligo musgoso de una piedra.

Ambas cosas. Ninguna.

Inexistente, vana

pérdida de tus horas.

Céntrate en el impulso,

el ansia de alejarte, de parirte;

partir de ti.

martes, 7 de enero de 2014

SÍNDROME DE DIÓGENES II







En una de esas islas derrumbadas sobrevive obstinado el día en que prendió la 


certeza del bien: el gozo era posible desde fuera, la alegría un perfume 

mezclado con el viento, la tibieza del sol, el feliz alboroto de los otros en mí 

entregándose al juego, siendo presente vivo, ardiendo en el ahora con tanta 

intensidad que la luz aún perdura y se prolonga.



jueves, 2 de enero de 2014

DIÓGENES I







Absurdo laberinto de basura apilada,

con tramos inconexos,

frágiles espirales quebradizas;

secas heces de pulga.



Atrapo ahora un fragmento,

un pedazo de escombro con un hierro

amputado:

Voy hacia un tanatorio, de uniforme,

porque se ha muerto el padre de una compañera.

La monja: “Era tan joven,

sólo cincuenta años”.

Sus palabras me calman.



Nada después,

harina entre mis dedos.



Se deshace en mi lengua el nombre de la hija.

Junto a ella ligada la certeza imprecisa

de un cuerpo predispuesto a la desgracia.



Saboreo algo más: la sensación balsámica

de creerme aun inmune, señalada.