Blog de Regina Salcedo Irurzun

viernes, 30 de agosto de 2013

JARDÍN SECRETO





En un jardín secreto llueven médulas nuevas y aparecen al alba pedazos de cristal, el corcho abandonado del bullicio. Nada hay a salvo. 
Nada.
Secreto parecías cuando te vi, entre muros de musgo, a miles de kilómetros de cualquier calle, incluso de la calle, esta calle y tu número.
Pájaros te visitan que no sé nombrar.
Dónde está el sur o el este. De dónde llega la luz humedecida, la niebla nacarada 
fresca melancólica.
Un refugio
quise creer, arrullarme en la distancia del total abandono,
el tiempo raro a saltos, felino somnoliento,
una taza caliente entre las manos,
mi ser acurrucado en su alter ego hecho lugar, espacio, piedra,
grieta, hierba seca, una grácil manzana perfecta sobre el lienzo y cuando menos piensas 
sucede la invasión
el mundo desemboca desbordado y alza el vuelo la paz 
en una desbandada desnortada.


martes, 20 de agosto de 2013

LO ASUMIDO





Parece innata la costumbre de mirar a ambos lados
y medirse en la altura de otros hombros.
Parece natural la tendencia a vivir según los resultados
y ya nunca poder ser uno mismo, contaminado el ojo
por las sombras que crecen o menguan en el suelo.
Parece tan intrínseco este hábito
que ni el remoto sueño de una rebelión vemos posible:
hemos crecido así, amarrados a un poste gigantesco
sin darnos cuenta de que es sólo una estaca
que ahora nuestros brazos
podrían arrancar de un golpe seco.


lunes, 12 de agosto de 2013

TAL ES EL DESCONOCIMIENTO




… tal es el desconocimiento,

tal la distancia que puede recorrer en un suspiro

mi idea sobre ti.


Tan cerca te respiro que las fotos que enseñan los extraños

con tu imagen huyendo o en lucha con las sombras,

o tan desamparado,

me sacuden haciéndome perder el equilibrio,

salirme del camino.


Tal es el desconocimiento, tan débil el sustrato

sobre el que te levanto junto al mundo.





jueves, 8 de agosto de 2013

VER AL HIJO





El más arduo ejercicio
es salir de uno mismo
a contemplar al hijo desnudo en su esqueleto, es barrer
las semillas que cayeron sobre el suelo del ático
desde bolsillos propios o adquiridos
y arrancar con las uñas
los granos persistentes que engordan en las grietas.
La tarea más dura
es vaciar los ojos telescópicos
y asir el boomerang que vuelve de su viaje
cargado con tus límites, tus miedos
y otros con nuevos nombres
teñidos de horizontes y de incendios.