Blog de Regina Salcedo Irurzun

viernes, 26 de abril de 2013

DESACTIVACIÓN DE LAS PALABRAS






Durante veinte años he sido artificiera de mis pasos,
he cortado los cables más vivos del circuito, los de colores puros: rojos, azules, verdes fosforescentes, y por supuesto,
he saltado en pedazos tantas veces
que puedo ver mis metas volantes y mis restos languideciendo
en los alfeizares
de edificios careados y vacíos.
Desactivados quedan términos pervertidos, conceptos
seductores, vampiros jovencísimos que parecían merecer
la eternidad más bella.
Sus carcasas ociosas yacen junto a mis pies
como trampas y cepos ya usados e inservibles.
¿Qué labor queda ahora? ¿Está en tus manos
el impulso ambarino de la reconstrucción? ¿Está sólo en las mías?
¿Hay fragmentos aún limpios para llevarla a cabo
o habría de crear nuevos autómatas con maquinarias vírgenes,
nunca vistas,
nunca por otras manos engrasadas?
¿Es todo lo que queda humo desvanecido ,
esta orfandad?



domingo, 21 de abril de 2013

LA VISITA DEL HERMANO




Esta tarde llega desde las faldas de la noche mi gemelo bastardo.
Se quedará a dormir en el cuarto del ático, los míos ni siquiera notarán su presencia.
A solas nos daremos los regalos de siempre:
yo pieles de naranja con la brillante pulpa todavía prendida y anzuelos con agallas corroídas.
Él pijamas y mantas y un gato amaestrado para dormir encima de los 
libros abiertos.
El paso de mi hermano se apreciará más tarde.
Es un arce inflamable que prende en varios tonos antes de deshojarse.
Es un otoño esquivo que sólo apreciaréis cuando todas mis ramas
armen un esqueleto blanquecino.
 

miércoles, 17 de abril de 2013

MI DÍA DE SUERTE




Fuimos al campo y era un día perfecto para los tréboles de cuatro hojas –lo supe con la piel aunque nunca antes había visto uno- y entonces casi  saltó a mis manos, tan grande y llamativo, el primero de ellos, porque en apenas dos pasos, otro me recibió igualmente espléndido, y al poco, junto a un árbol, di con otro esta vez de siete hojas, una mutación excepcional supuse, es mi día de suerte, supuse, es más que mi día de suerte, es la culminación de mi suerte y jamás volverá a repetirse, supuse, un día semejante, y justo de inmediato alguien apareció luciendo otro gran trébol de seis hojas, y enseguida hubo otro portando uno de cinco, y otro, junto a una charca, encontró un par de tréboles de ocho hojas entrelazados sus tallos como si fueran a un baile. 
Y supuse, mientras fingía una alegría contagiosa, que allí se terminaba mi maldito día de suerte.

lunes, 15 de abril de 2013

CUENTO ESTÚPIDAMENTE INTERMINABLE





Pongamos que era odio.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿quieres envenenarte con esas rosas negras que crecen bajo el sótano y el musgo?

Podría ser envidia.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no ves la clorofila irrigando las venas de tu rostro en un pliegue escondido del espejo?

Tal vez sólo el rechazo.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no se dan a la fuga las paredes y no huyen sus ventanas dejando sólo atmósfera en tu cuarto?

Quizá reconocerme como hielo.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no rebotan los picos contra tu azul más gélido, no mantienes tu reina a salvo de los vientos?

O puede que el dolor de no saber.
No te digo que sí,
ni te digo que no,
yo sólo te susurro:
¿podrías rastrear el idioma del polvo o explicar el patrón que guía su temblor, sus migraciones?