Mi más sincera enhorabuena a los organizadores, han conseguido lo impensable.
Blog de Regina Salcedo Irurzun
domingo, 19 de julio de 2020
RESUMEN DE MI PASO POR EL CELSIUS 2020
A pesar de la covid-pandemia, la experiencia ha sido inmejorable. Esperemos que el año que viene nos podamos ver todos las caras pero de verdad ;)
Mi más sincera enhorabuena a los organizadores, han conseguido lo impensable.
Mi más sincera enhorabuena a los organizadores, han conseguido lo impensable.
sábado, 11 de julio de 2020
"Coser una vorágine", en el Festival Celsius 2020
Acabo de enterarme: el día 17 de julio estaré en Avilés presentando Coser una vorágine (Apache Libros) de la mano de Alba Quintas Garciandia.
Es mi primer Celsius y la verdad es que estoy emocionada y nerviosa a partes iguales. Espero que todo vaya bien.
¡Si estáis por allí, animaos a acompañarme!
Os dejo este enlace a la entrevista que me han hecho en Diario de Noticias al respecto:
ENTREVISTA
Es mi primer Celsius y la verdad es que estoy emocionada y nerviosa a partes iguales. Espero que todo vaya bien.
¡Si estáis por allí, animaos a acompañarme!
Os dejo este enlace a la entrevista que me han hecho en Diario de Noticias al respecto:
ENTREVISTA
viernes, 3 de julio de 2020
COSER UNA VORÁGINE, TAMBIÉN EN FNAC
Poco a poco, las cosas vuelven a su ser y la novela va llegando a nuevos puertos.
Y si no está en vuestra librería habitual del barrio, no tenéis más que pedirla ;)
Y si no está en vuestra librería habitual del barrio, no tenéis más que pedirla ;)
viernes, 22 de mayo de 2020
COSER UNA VORÁGINE EN GIGAMESH
Si normalmente luchar para que un libro llegue al público es una tarea costosa, ni os cuento lo que supone sacar uno en medio de esta locura. Por eso, verlo llegar a librerías donde sabes que será bien atendido supone una alegría más intensa que nunca. Además, en Gigamesh concretamente, se reunirá con alguien muy importante que siempre ha estado ahí para asesorarme y guiarme con la mejor voluntad (como hace con tantísima gente a diario). Ahora sólo falta que vosotros os animéis a leerlo ;)
LECTURAS PARA LA CUARENTENA: ELI TOLARETXIPI
Bueno, amigos, con este broche de oro cierro mi ciclo de lecturas pandémicas. Ahora que ya nos permiten regresar a las librerías, creo que no es necesario seguir publicando a diario. Espero que os haya gustado lo que he subido durante estas semanas y que hayáis descubierto, al menos, a algún autor/a interesante.
La escritora que hoy traigo, Eli Tolaretxipi es la maestra de los agujeros, la que interroga a la ausencia, a la sombra, a la distorsión y la periferia. Paradójicamente, insinuando los trazos y ecos del vacío, consigue retarnos a conquistar la presencia y la mirada conscientes.
Es una autora que contiene en su voz la dureza limpia del mar y del salitre, sus palabras están llenas de tiempo, de óxido, de nutrientes microscópicos.
Su poesía es como una recia y soberbia estalactita gestada gota a gota en el silencio y la calma.
J
Como sin experiencia, quieta,
en quebrada, hondonada,
como agua olvidada, sin salto,
sin rapto, sin caída.
Detenida ahí, en el hueco,
en la cáscara, espera un movimiento
que la revuelva, o la evaporación
para volver a caer, etc.
Se despereza y se sacude contra las paredes,
trata de introducirse por los poros,
vetas, alguna grieta.
La silueta se ve solarizada
entre un sauce, un edificio
de ladrillo rojo, casa auxiliar
de la más grande, por debajo,
subsidiaria, subalterna, más abajo,
menos enfocada. Contagiado
el pétalo del color de la flor
que crece al margen.
Ñ
No en el centro.
Están en el camino extraño,
entre las zarzas, el barro,
las pisadas huecas de los perros,
los filos carcomidos de la hierba que crece irregular
o se seca en un lado más sombrío,
donde no se adentran,
da miedo meterse
o de donde uno no puede salir
y se conforma con esa extrañeza
sin poder darle forma.
La escritora que hoy traigo, Eli Tolaretxipi es la maestra de los agujeros, la que interroga a la ausencia, a la sombra, a la distorsión y la periferia. Paradójicamente, insinuando los trazos y ecos del vacío, consigue retarnos a conquistar la presencia y la mirada conscientes.
Es una autora que contiene en su voz la dureza limpia del mar y del salitre, sus palabras están llenas de tiempo, de óxido, de nutrientes microscópicos.
Su poesía es como una recia y soberbia estalactita gestada gota a gota en el silencio y la calma.
J
Como sin experiencia, quieta,
en quebrada, hondonada,
como agua olvidada, sin salto,
sin rapto, sin caída.
Detenida ahí, en el hueco,
en la cáscara, espera un movimiento
que la revuelva, o la evaporación
para volver a caer, etc.
Se despereza y se sacude contra las paredes,
trata de introducirse por los poros,
vetas, alguna grieta.
La silueta se ve solarizada
entre un sauce, un edificio
de ladrillo rojo, casa auxiliar
de la más grande, por debajo,
subsidiaria, subalterna, más abajo,
menos enfocada. Contagiado
el pétalo del color de la flor
que crece al margen.
Ñ
No en el centro.
Están en el camino extraño,
entre las zarzas, el barro,
las pisadas huecas de los perros,
los filos carcomidos de la hierba que crece irregular
o se seca en un lado más sombrío,
donde no se adentran,
da miedo meterse
o de donde uno no puede salir
y se conforma con esa extrañeza
sin poder darle forma.
jueves, 21 de mayo de 2020
LECTURAS PARA LA CUARENTENA: PILAR ADÓN
Si ayer hablé de Jane Kenyon, hoy me toca hacerlo de Pilar Adón, pues fue esta quien me presentó a la poeta norteamericana y, ahora, siempre que leo a Kenyon, me acuerdo de ella, ya casi las percibo como dos hermanas o dos buenas amigas en cuyos ojos danza un brillo semejante; tierno, afilado, agridulce. Ambas ocultan en su cuerpo la marca, la dentellada que la realidad mezquina (la que pervierte la violencia de los hombres) inflige a las personas altamente sensibles y perceptivas.
En los poemas de Adón se nota su dominio de la narrativa, ya que muchos iluminan, como una buena fotografía, una historia breve pero intensa. Y estas cápsulas super concentradas y nutritivas están elaboradas con lo mínimo (también como hacía Kenyon). Son elecciones sabias, meditadas, que saben qué rasgos y gestos mostrar exactamente, desde qué ángulo nuevo, con qué luz precisa para conseguir la atmósfera pertinente, para provocarnos el escalofrío necesario que nos impele a cuestionar (nos). Son píldoras asombrosas que, al igual que una cabina de teletransporte, nos dejan, de repente, en medio de un bosque oscuro donde nada puede protegernos ni darnos el refugio de un sentido absoluto (ni siquiera parcial), aunque, eso sí, nos brindan el consuelo de su sobria y aguda belleza.
V
Usaron las piedras del primitivo puente
y las de la granja del abuelo
que no pudo pagar porque se lo gastó en vino.
Usaron las piedras de la ermita
y todos los niños de la casa nueva
nacieron muertos.
XI
No es esta una vida de lluvia.
La lluvia que barre e higieniza.
Una vida de refugio en retirada sostenida.
Tampoco el crujir de la madera.
La existencia en el plano estado de no estar.
El denso verde de un cultivo grueso tras las ventanas.
¿No podrías acudir si llamo y darme en los dedos?
Traer el desmayo letargo sin pitidos ni vértigos,
la insensibilidad.
En los poemas de Adón se nota su dominio de la narrativa, ya que muchos iluminan, como una buena fotografía, una historia breve pero intensa. Y estas cápsulas super concentradas y nutritivas están elaboradas con lo mínimo (también como hacía Kenyon). Son elecciones sabias, meditadas, que saben qué rasgos y gestos mostrar exactamente, desde qué ángulo nuevo, con qué luz precisa para conseguir la atmósfera pertinente, para provocarnos el escalofrío necesario que nos impele a cuestionar (nos). Son píldoras asombrosas que, al igual que una cabina de teletransporte, nos dejan, de repente, en medio de un bosque oscuro donde nada puede protegernos ni darnos el refugio de un sentido absoluto (ni siquiera parcial), aunque, eso sí, nos brindan el consuelo de su sobria y aguda belleza.
V
Usaron las piedras del primitivo puente
y las de la granja del abuelo
que no pudo pagar porque se lo gastó en vino.
Usaron las piedras de la ermita
y todos los niños de la casa nueva
nacieron muertos.
XI
No es esta una vida de lluvia.
La lluvia que barre e higieniza.
Una vida de refugio en retirada sostenida.
Tampoco el crujir de la madera.
La existencia en el plano estado de no estar.
El denso verde de un cultivo grueso tras las ventanas.
¿No podrías acudir si llamo y darme en los dedos?
Traer el desmayo letargo sin pitidos ni vértigos,
la insensibilidad.
miércoles, 20 de mayo de 2020
LECTURAS PARA LA CUARENTENA: JANE KENYON
Si Jane Kenyon hubiera nacido en Japón en vez de en Michigan, se habría convertido en una de las más grandes maestras del haiku, no me cabe ninguna duda. Porque su poesía melancólica y cotidiana trabaja con los elementos que tiene al alcance de la mano, sin descartar ninguno por su pequeñez o aparente trivialidad. Así, lo mismo se fija en un dedal abollado que en una cana o una pinza de tender. Y lo hace con una sobriedad contemplativa, templada y penetrante que, por eso mismo, nos conmueve sin sobresaltos, provocando en nuestro espíritu ondas silenciosas que van aumentando hasta desaparecer de nuevo.
Kenyon, cuando escribe, es como si paseara de noche por un prado e iluminase con una linterna breves trozos de pasto donde adivinamos las huellas de un corzo herido o el contorno de alguien que estuvo allí tumbado largo rato. Y esa suave luz que proyecta sabiamente sobre las cosas sirve para que todas ellas adquieran una familiar e inusitada trascendencia.
CANCIÓN
Una oropéndola canta desde el seto
y en la cocina del hotel
el chef endulza nata para pasteles.
A lo lejos, relámpagos y truenos se ponen de acuerdo
para acompañarnos uno días
aquí en el valle. Qué afortunados somos
por estar cogidos de la mano en un porche
en el campo. Pero aun así
este no es el gozo que tiembla
bajo cada hoja y cada lengua.
QUIÉN
Estos versos están escritos
por un animal, un ángel,
un extraño sentado en mi silla;
por alguien que ya sabe
cómo vivir sin problemas
entre libros, pucheros y sartenes...
¿Quién es el que me pide que halle
lenguaje para el sonido
que hace la pezuña de una oveja al golpear
una piedra? ¿Y quién pronuncia
las palabras que son mis alimentos?
Kenyon, cuando escribe, es como si paseara de noche por un prado e iluminase con una linterna breves trozos de pasto donde adivinamos las huellas de un corzo herido o el contorno de alguien que estuvo allí tumbado largo rato. Y esa suave luz que proyecta sabiamente sobre las cosas sirve para que todas ellas adquieran una familiar e inusitada trascendencia.
CANCIÓN
Una oropéndola canta desde el seto
y en la cocina del hotel
el chef endulza nata para pasteles.
A lo lejos, relámpagos y truenos se ponen de acuerdo
para acompañarnos uno días
aquí en el valle. Qué afortunados somos
por estar cogidos de la mano en un porche
en el campo. Pero aun así
este no es el gozo que tiembla
bajo cada hoja y cada lengua.
QUIÉN
Estos versos están escritos
por un animal, un ángel,
un extraño sentado en mi silla;
por alguien que ya sabe
cómo vivir sin problemas
entre libros, pucheros y sartenes...
¿Quién es el que me pide que halle
lenguaje para el sonido
que hace la pezuña de una oveja al golpear
una piedra? ¿Y quién pronuncia
las palabras que son mis alimentos?
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