Blog de Regina Salcedo Irurzun

sábado, 24 de septiembre de 2016

La bendición de descubrir a Sonja Akesson


La chica del guardavías no tenía alma,
sólo tenía corazón, hiel, nervios
y un morrito pecoso.

A las personas que tenían alma
no se les exigía nada
de momento.
Nunca eran apretadas por la tenaza del crepúsculo.
Escuchaban íntimamente a los árboles.

Algunas tenían hermanas entre los abedules.
Algunas estaban tristes y satisfechas a pesar de todo.
Algunas podían hablarle a Dios.

 

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