Blog de Regina Salcedo Irurzun

miércoles, 22 de junio de 2016

Embutido



 I

Digo que no hay censura, pero si escribo un segundo poema el mismo día, alguien piensa que éste se transforma en una bola bruta de derribo

que, con un golpe seco, pone en marcha otros nódulos

hasta insuflar su fuerza destructiva al primer poemita,

¡pobre!,

que implosiona de puro insustancial.

¿Sin la onda expansiva del segundo, el primero no tiembla?

¿Su esqueleto es intrínseco o se puede adquirir como el hierro, en pastillas?

Es una situación embarazosa que dice más bien poco a favor de su masa,

su substancia,

o a favor del censor,

que sólo agita un código escrito sobre musgo con el dedo de un muerto.


II


El censor dictamina que un poema escrito de un tirón no puede ser jamás un buen poema.

No será, en ningún caso, una loncha de pavo cortada limpiamente.


¿Cuánto tiempo le cuesta al ciudadano medio encontrarse sin google, sin espejos?

Ni ver-te

Ni ver lo que los otros deciden ver de ti.

Las lonchas de embutido quizá mejorarían sus vetas, su text-ura,

y ni me agobiaría diseñando los tipos de envasado

ni la óptima oferta de lanzamiento.


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