Blog de Regina Salcedo Irurzun

lunes, 2 de febrero de 2015

Nada más me interrogo sobre esta frialdad





No pienso de repente que vas a entrar por la puerta o que voy a encontrarte sentada en la butaca o que va a sonar el teléfono, como sonaba a diario, y voy a oír tu voz preguntándome qué tal va la mañana, si me duele la cabeza, si voy a pasar a verte.

No me asalta una nostalgia que apuñale mis tripas, no hay un vacío, un vértigo aullador insofocable -sufrí esa enfermedad y sé reconocerla-.

No inicio ningún gesto dirigido hacia  ti que muera en un amago.

No te busco en ningún lugar, no te confundo con nadie.

He asumido tu muerte como quien se zambulle en el mar, desde las rocas, tomando carrerilla.

Ni un codo ni un cabello, ni un talón milagroso queda intacto. Es como si hubiéramos saltado cogidas de la mano.

Yo sigo bajo el agua, en esta frialdad paralizante. Tú te has desvanecido por completo.

Simplemente: no existes. 


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