Blog de Regina Salcedo Irurzun

sábado, 31 de enero de 2015

NIEVA




La nieve es siempre extraña,
infinita mientras uno la mira,
mientras permanecemos
con las manos pegadas al cristal,
perdiendo la mirada entre los copos
que no suben ni bajan
que, de pronto,
parecen congelar su propia danza.


Ese uno que piensa todo esto,
resulta ser cualquiera ante la nieve,
esté o no acostumbrado a este fenómeno
tan ordinario y casi milagroso.

Lo mismo que la muerte
la nieve iguala el mundo;
la escombrera y el parque,
la autopista negrísima contra el monte a zarpazos
y la sucia cuneta
con un calzado huérfano y cansado.

Uno de pronto siente
que pudiera encontrarse en cualquier otra parte,
y uno siente también,
y al sentirlo es consciente de su superfluidad,
de esa insignificancia que le hermana a los otros,
que hay un bálsamo místico
en este mundo,
que existe alguna paz,
como una tregua,
antes de que el deshielo
haga emerger los grises,
las basuras,
el rostro estropeado de las cosas
y nuestras propias huellas dactilares
frontera en la frontera
de una ventana anónima.



Icebergs, Baile del Sol, 2014

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