Blog de Regina Salcedo Irurzun

jueves, 17 de julio de 2014

ALAMBRES, LOLA NIETO (I)






Creo que casi nadie puede decir tras la primera lectura del poemario Alambres que le ha gustado. Porque lo primero que hace uno cuando lo lee es romperse.


Yo estoy ahora ahí; descoyuntada y con una extraña sensación. Me siento como la oveja a la que alguien, de pronto, le corta la alambrada del redil y puede asomarse a un paisaje árido, sin la familiar hierba fresca, un desierto donde florecen cactus de aspecto extraterrestre, donde las rocas se han erosionado durante generaciones para formar arquitecturas en precario equilibrio, al borde del derrumbe, tan al límite. Tan difícil saber si tu concepto de belleza tiene cabida en ellas, si ni siquiera eso importa…


Siento el rechazo propio del miedo a abandonar un espacio mullido y apacible, y al mismo tiempo la ansiosa atracción por una libertad tan radicalmente apabullante.


Tomo aliento, me seco la frente, saboreo un par de cervecitas al sol antes de acometer la relectura.


Seguiremos informando desde el desierto.

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