Blog de Regina Salcedo Irurzun

martes, 6 de mayo de 2014

HÁBITO DE LA NOCHE




Todas las paredes despojadas, arrancada hasta la última plegaria de papel,

expuesta la aspereza.

Todas las paredes sin ventanas, ni un balcón hacia el este,

ni una silla orientada hacia el más improbable aleteo de luz.

Estoy a oscuras

porque lo quiere el mundo. Lo digo absurdamente obedeciendo al grito 


de la sangre, a lo huesos vencidos. La oscuridad es sorda y callo en ella y mis ojos 

no miran hacia ninguna parte.

A veces tiemblan cuerpos de pájaros fugaces tras la persiana echada,

a veces me entretengo en un ángulo muerto que la vida no

alcanza y en él lavo mis pies y recuerdo la sed, su domesticación.

A veces hasta creo posible perforar el tejado con un puño y arrebatarle al cielo 


un pedazo de cuarzo, mi cuota luminosa.

Pero fuera, nadie salvo la noche, sabe mascar mi nombre para escupirlo luego 


igual que un hueso estéril de tabaco.

Como un hábito sucio y tan estúpido que ni ella ni mi suerte consideran dejar.






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