Blog de Regina Salcedo Irurzun

jueves, 2 de enero de 2014

DIÓGENES I







Absurdo laberinto de basura apilada,

con tramos inconexos,

frágiles espirales quebradizas;

secas heces de pulga.



Atrapo ahora un fragmento,

un pedazo de escombro con un hierro

amputado:

Voy hacia un tanatorio, de uniforme,

porque se ha muerto el padre de una compañera.

La monja: “Era tan joven,

sólo cincuenta años”.

Sus palabras me calman.



Nada después,

harina entre mis dedos.



Se deshace en mi lengua el nombre de la hija.

Junto a ella ligada la certeza imprecisa

de un cuerpo predispuesto a la desgracia.



Saboreo algo más: la sensación balsámica

de creerme aun inmune, señalada.



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