Blog de Regina Salcedo Irurzun

viernes, 27 de diciembre de 2013

INMIGRANTES






Hay días para que nuestra carne se pliegue y se agazape

tras un hueso o un ganglio o cualquier recoveco.

Hay días sin linternas, días ciegos,

días para el oído y el olfato.

Días para volverse piel adentro

y hozar en los deshechos hasta encontrar el rastro

de esa especie invasora que algún turista ingenuo se trajo de recuerdo

en su último viaje hasta otro pulso.

Hay días para arrancarse el nombre y las arrugas

y llegar a la cueva de la pequeña bestia forastera

y lavarle las patas,

quitarle las espinas,

darle la bienvenida y una tarjeta azul de residencia.





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