Blog de Regina Salcedo Irurzun

domingo, 30 de junio de 2013

FUEGO AÉREO




Todo se derrumbó sin previo aviso.
Lo que hasta entonces cielo, tierra, capitel o pared
fue de pronto una lluvia de escombros, de añicos tan agudos
que sólo al ver ahora la piel cosida a estrías
soy consciente de ellos.
Así mismo mis ojos fueron atravesados,
iniciados a fuego  en un cubismo oculto
dado a descomponer los grises, la energía y el fin
de cualquier fallo
en dos partes idénticas de sombra.
Hasta el mismo dolor se disoció
y mientras se rompía el esqueleto por mil huesos distintos
la mente entera, el corazón entero se centraba en fingir
que aquello no era más que otro arañazo.
Mis manos de once años repararon el mundo como un antiguo 
cuenco cerámica     
que muestra sus pedazos, sus fisuras, sus junturas de cola
toscamente ensambladas.
Y me olvidé de él en una esquina.
Y me olvidé también de la mirada múltiple
porque me convencí de que era la de siempre, de que los dientes rotos
de que las bocas negras
venían de allí afuera,  lo mismo que las bombas y la mugre.





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