Blog de Regina Salcedo Irurzun

miércoles, 17 de abril de 2013

MI DÍA DE SUERTE




Fuimos al campo y era un día perfecto para los tréboles de cuatro hojas –lo supe con la piel aunque nunca antes había visto uno- y entonces casi  saltó a mis manos, tan grande y llamativo, el primero de ellos, porque en apenas dos pasos, otro me recibió igualmente espléndido, y al poco, junto a un árbol, di con otro esta vez de siete hojas, una mutación excepcional supuse, es mi día de suerte, supuse, es más que mi día de suerte, es la culminación de mi suerte y jamás volverá a repetirse, supuse, un día semejante, y justo de inmediato alguien apareció luciendo otro gran trébol de seis hojas, y enseguida hubo otro portando uno de cinco, y otro, junto a una charca, encontró un par de tréboles de ocho hojas entrelazados sus tallos como si fueran a un baile. 
Y supuse, mientras fingía una alegría contagiosa, que allí se terminaba mi maldito día de suerte.

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