Blog de Regina Salcedo Irurzun

lunes, 15 de abril de 2013

CUENTO ESTÚPIDAMENTE INTERMINABLE





Pongamos que era odio.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿quieres envenenarte con esas rosas negras que crecen bajo el sótano y el musgo?

Podría ser envidia.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no ves la clorofila irrigando las venas de tu rostro en un pliegue escondido del espejo?

Tal vez sólo el rechazo.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no se dan a la fuga las paredes y no huyen sus ventanas dejando sólo atmósfera en tu cuarto?

Quizá reconocerme como hielo.
No te digo que sí
ni te digo que no,
yo sólo digo:
¿no rebotan los picos contra tu azul más gélido, no mantienes tu reina a salvo de los vientos?

O puede que el dolor de no saber.
No te digo que sí,
ni te digo que no,
yo sólo te susurro:
¿podrías rastrear el idioma del polvo o explicar el patrón que guía su temblor, sus migraciones?

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