Blog de Regina Salcedo Irurzun

sábado, 2 de febrero de 2013

DONCELLA DE HIERRO







Tanta angustia por regresar al fondo y ahora,

cuando vuelvo a habituarme a esta penumbra hiriente y a este exterior de rafia 


que me soba,

reconozco los símbolos que pinté en las paredes con tinta del espanto,

los negros aguafuertes donde grabé el reverso de mi anhelo

vencido.

Es un hogar siniestro,

pero lo llamo hogar sin darme cuenta.

Puede dolerme el frío, el peso de mis límites aplastando mis huesos,

mas no puedo fingir que no conozco

cada mortal punzada de esta dama de hierro fraguada, clavo a clavo, 


a mi medida.

Leo otra vez las frases que dejé para mí en la lengua vernácula del polvo,

hay suficiente acero para forjar con ellas una espada;

sólo falta una clara conciencia que la alce y siegue las cabezas

de la tenaz Quimera que aguarda mi retorno y mi tropiezo.


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