Blog de Regina Salcedo Irurzun

domingo, 16 de septiembre de 2012

OSTRACON




No hubo un pan bajo el brazo sino un funesto ostracon acuñado en la palma de mi diestra.

Condené con sus signos cada tramo de grava u horizonte: llevaba al enemigo dormido en mis

sandalias.

Las plazas sucumbían lentamente con verminosas úlceras internas. Yo intuía el avance ciego de las

lombrices.

Y al mismo tiempo afuera todo era azul o gris.

La morrena imparable de los días nos desplazaba juntos, barría sedimentos y destinos enredando

sus lindes inmiscibles.





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