Blog de Regina Salcedo Irurzun

jueves, 8 de diciembre de 2011

Píldora insoluble de cianuro




No navegas, te hundes, como si el fondo fuera
un arrecife ardiendo
un clavo con oxígeno, un cielo con gaviotas mensajeras.
Sin gafas ni escafandra, ojos abiertos
a la sal del océano, al vinagre y la hiel
de las corrientes frías que genera
la isla Soledad en un punto señero del Pacífico norte,
sin norte,
sin más raíz que un cable.
Dios bendiga ese cable y de la vida eterna
a los dedos que extiende
y que conectan
mi pozo con tu hambre y vuestra rabia,
miseria, humanidad,
entropía caótica
basura
y una ventana al  fin
y al cabo,
una ventana líquida,
una frontera que a veces nos sonríe,
fruta abierta,
igual que un espejismo,
una boca carnívora,
palabra envenenada:
eres tú la más bella,
no, qué va,
tú lo eres
ahí en tu cubículo de fiera,
de estúpida gacela que confunde
el cemento y la hierba,
4 metros cuadrados con paredes
contagiadas y blandas, falsamente tan blandas,
al borde del derrumbe como una despedida
que se guarda bajo la lengua
siempre,
toda una vida rota.

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