III
Tras el embargo los vecinos susurran de reojo
sobre la desnudez de iglú de mis paredes,
el hielo les parece frío a los que todavía
amontonan objetos,
sillones con tapetes,
y aún llaman a su entrada
“recibidor”,
un espacio imposible y en declive;
otro limbo perdido.
IV
He escarbado pasajes bajo el hielo y evito
ver mis manos,
la delatora tierra que entre mis uñas habla
de galerías, túneles, fosas o simples hoyos
donde enterré palabras con forma de tubérculo;
parecen fetos muertos, oscuros,
estatuillas
de primitivos dioses.
No brotarán raíces, filos blancos,
no habrá una primavera con colores brillantes
y planos, y engañosos.
Si arraigan serán hierbas o matorrales áridos
de los que se levantan
y alimentan de viento
en grietas verticales
y entre piedras.
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