Dile Tsunami, amor.
El maremoto no llegó desde el mar sino de noche,
se hizo perro doméstico a los pies de las camas
de uno veinte en los barrios más lánguidos
y flojos y sumisos.
El plan no resultó como debía;
no hubo salvavidas, ni boca a boca
o botes
o un bozal con correa.
La ola indivisible cayó sobre tus hombros
sin cubitos ni celdas
cayó sobre tus hombros.
El que estaba a tu lado se limitó a decir
que ya nadie los llama maremotos.
Luego te dio un dedal para achicar el agua.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada