viernes, 9 de septiembre de 2011
Sukkwand Island, David Vann
El otro día comentaba que un libro a veces es capaz de sostenerse en un sólo hueso si éste es excepcionalmente fuerte. Y también decía que esto no ocurre muy a menudo.
Bueno, pues justo acabo de terminar Sukkwand Island, del norteamericano David Vann, y no ha hecho sino reforzar esta teoría. (No voy a deciros de qué tipo de hueso se trata en este caso, tendréis que averiguarlo).
No es un libro que brille especialmente por su lenguaje. Es más, hay partes en las que de hecho su prosa me parecía que flaqueaba bastante. Pero guarda un as bajo la manga que te deja muerto, que levanta la historia y de pronto te posiciona ante algo, digamos que cuando menos, inusual, desgarrador.
-¡Son todos alienígenas!¡No, espera: Están muertos y no lo saben!
-No, no van por ahí los tiros, no tratéis de buscar conejos mágicos saliendo de la chistera en plan sexto sentido. Se trata de otro tipo de giro.
No quiero explicar más sobre esto porque sería estropearos la novela. Es mejor, y en este caso es cierto al 100%, que os acerquéis a leerla limpios y virginales, sabiendo lo menos posible de la historia: ¡No leáis ni la contraportada!¡Patead en la boca a todo aquel pedorro/a que vaya a hablaros sobre el libro!
-¿Cómo vas a hablar entonces de él sin jodernos la lectura?
No sé. Voy simplemente a añadir que me ha recordado en algunos aspectos a La Carretera de McCarthy, aunque Sukwand Island me parece que la supera con creces; es mucho más cercana, no se sitúa en un futuro distópico y extremo, y por ello el escalofrío es más intenso... pero ya estoy contando más de lo que pretendía.
También me he acordado de Los bosques de Upsala de Álvaro Colomer, entre otras cosas, por la profundiad con la que se penetra en los personajes, una profundidad que se va construyendo con pequeños gestos y frases, nada de parrafadas psicológicas interminables.
Y hasta aquí puedo leer.
En estos casos lo mejor es recomendaros que no os perdáis este acontecimiento literario. Haced caso a esta zombie por una vez y ya me contaréis si ha merecido la pena. Quizá, cuando pase un tiempo y ya todo el mundo sepa de la novela, podamos volver a hablar de ella con más tranquilidad.
Por cierto, David Vann, estará en mi ciudad el 27 de este mes y, aunque normalmente estas charlas me suelen parecer bastante estúpidas, en esta ocasión acudiré sin falta. Ya os contaré si esta vez el autor resulta tan interesante como su libro.
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