Ya estoy de vuelta de vacaciones. Casita super rural en el super monte, muy Miyazaki a veces, muy Conrad otras, muy oscuro, muy brillante y muy a tomar por culo de cualquier sitio. Mucho bicho también. He escrito sobre ello, en algo tenía que ocupar tanto tiempo verdoso y húmedo. Hay rarezas como la siguiente que es mejor no hacérselas mirar.
| Fuente Miyazakiriana. Sólo falta un Kodama |
| Escorpión en el techo sobre mi cama. Muy Conrad. |
Kamikaze
Hay negros escorpiones entre las vigas del techo.
Como una hoja siniestra, retorcida, uno puede caer
de noche
sobre mí,
deslizarse,
vaciar su veneno debajo de mi lengua
o en el túnel caliente de mi oído.
Pese a todo; sus pinzas, su aguijón
se esfuerzan en ser mancha,
un nudo en la madera,
mis ojos desdibujan sus contornos
y duermo, o casi muero, plácidamente,
sin pesadillas,
sin sueños.
En mitad de la noche
me levanto a por agua y no me calzo,
no abro contraventanas,
no pulso interruptores,
piso las viejas tablas que crujen a mis pies
llenas de ojos oscuros,
de grietas y de agujeros
y apenas me estremece
esta ausencia de miedo.
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