miércoles, 24 de agosto de 2011

Conrad y Miyazaki

Ya estoy de vuelta de vacaciones. Casita super rural en el super monte, muy Miyazaki a veces, muy Conrad otras, muy oscuro, muy brillante y muy a tomar por culo de cualquier sitio. Mucho bicho también. He escrito sobre ello, en algo tenía que ocupar tanto tiempo verdoso y húmedo. Hay rarezas como la siguiente que es mejor no hacérselas mirar.

Fuente Miyazakiriana. Sólo falta un Kodama



Escorpión en el techo sobre mi cama. Muy Conrad.


Kamikaze

Hay negros escorpiones entre las vigas del techo.
Como una hoja siniestra, retorcida,  uno puede caer
de noche
sobre  mí,
deslizarse,
vaciar su veneno debajo de mi lengua
o en el túnel caliente de mi oído.

Pese a todo; sus pinzas, su aguijón
se esfuerzan en ser mancha,
un nudo en la madera,
mis ojos desdibujan sus contornos
y duermo, o casi muero, plácidamente,
sin pesadillas,
sin sueños.

En mitad de la noche
me levanto a por agua y no me calzo,
no abro contraventanas, 
no pulso interruptores,
piso las viejas tablas que crujen a mis pies
llenas de ojos oscuros,
de grietas y de agujeros
y apenas me estremece
esta ausencia de miedo.

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