El poema que publiqué en la entrada anterior y sobre el que os pedí opinión es un texto que escribí hace poco poniéndome las siguientes condiciones a modo de reto personal:
1º) Hacer un poema siguiendo un proceso creativo totalmente contrario al que sigo habitualmente, es decir, escribir sin partir de una necesidad, un sentimiento concreto e inmediato que ni me incitase a ello ni me dominase durante su escritura. Yo siempre escribo porque siento una especie de desazón interior, como si me picase el alma y la única manera de rascarme fuere ésta.
-¡Dios, Zombie, no te nos pongas tan cursi!
-Perdón, se me ha escapado.
Nunca me he sentado ante un papel en blanco con la única tarea en mente de ir a escribir una poesía así, sin más, porque sí; con alevosía y nocturnidad.
Me preguntaba si el lector podría llegar a notar la diferencia. He escuchado a más de un autor decir que uno debe ponerse a escribir cuando la emoción ha pasado, y entonces, intentar recrearla con la mayor fidelidad. Creo que es esta la manera más apropiada de escribir poesía y no como lo hago yo, como una adolescente en plena efervescencia hormonal o menstrual, pero en fin, una hace lo que le pide el cuerpo.
-Con un cuerpo como el tuyo yo no me fiaría demasiado de sus mandatos…
¿Lleva un proceso creativo a una poesía más verdadera, más honesta que el otro? ¿Le importa eso al lector, le llega eso al lector? Pienso que tal vez la diferencia está en que cuando uno recrea el sentimiento originario (ya apaciguado) ocurre que éste lo guía pero no lo domina como suele ser mi caso y por tanto puede estar más atento al resto de aspectos, al lenguaje en suma que es lo importante. Seguramente también corre menos riesgos de resultar sensiblero y manido.
Quizá la poesía que podríamos entender (o que yo entiendo) como falsa no provenga de ninguno de estas dos procesos sino del que surge de una imposición intelectual ajena por completo al sentir del individuo, porque uno se dice: “ahora voy a escribir sobre el dolor de la pérdida de un ser querido porque eso luce mucho” , pero ni siquiera lo ha experimentado en su propia piel.
Bueno, pues de momento he empezado por escribir de esta manera digamos falsa, sin sentir ni recrear ningún tipo de emoción.
2º) Otra de las auto imposiciones ha sido intentar gustar, decir lo que considero que se debe decir para complacer , utilizar términos reconocidamente líricos. Sí, lo admito, demasiado trillados y evidentes. Se me ha ido quizá la mano.
-Deberías leer más poesía, maja.
-Vale, that is true.
3º) Tercera autoflagelación: No preocuparme por darle ningún sentido al texto. He hecho una especie de escritura automática, no pura, claro, porque la he manipulado bastante, pero me he dejado llevar digamos que por el lenguaje, por la asociación de ideas, y no por ningún tema central o emoción.
-¡Ja! ¡Soltar tú las riendas, con lo controlategi que eres!
-Me conoces sí, eso de dejarme llevar me parece cosa de flojos y abraza árboles.
-Desde luego, la tuya es una mente abierta y no la de Punset!
Bien. Para tener algo desde lo que partir empecé por un verso de un pésimo libro de poesía del que iba a deshacerme. La idea fue la siguiente: antes de mandarlo al contenedor rescatar de él un solo verso, el que más sugerente me resultase, si es que encontraba alguno, que no fue fácil, y tomarlo como frase de arranque. El verso era: “Cada mañana al revestirme de azul marino”
4º) Y por último me propuse intentar que la criatura quedase más o menos bien vestidita. Me refiero a tratar de imprimirle un ritmo y una sonoridad. No hay una rima consonante, muy marcada, pero sí una rima asonante más leve.
Conclusiones:
-Ah, ¿pero que esto realmente te ha servido para aprender algo?
-Bueno, al menos voy comprobando qué caminos me gustan más y cuáles menos.
La próxima vez trataré de escribir menos al tuntún, sobre un tema concreto pero con los sentimientos más calmados. Nada de escrituras automáticas ni de intentar agradar con un lirismo artificial y extranjero.
La próxima vez jugaremos a eso de la recreación.
-Eso me suena a doctor Frankenstein. No sé si podré esperar…
Gracias a los que me habéis leído y sobre todo a los que os habéis animado a comentar y me habéis ayudado a centrifugar estas reflexiones insustanciales que al menos a mí me resultarán (espero) de utilidad.

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ResponderSuprimirIba a contestar a tu comentario, Clément, pero no sé a dónde ha ido. Lo habré borrado yo?.
ResponderSuprimirSí, hablaba únicamente de una poesía centrada en el yo. También sería un reto para mí hablar de algo ajeno, o crear un personaje, como en Los dioses abandonan a Antonio, o como Luís de Baviera escucha Lohengrin... Pero así, en principio, no me atrae demasiado. Soy tan ególatra :)(¿Al final no hablan estos autores también de sí mismos pero disfrazándose?