Acabo de terminar Todo arrasado, todo quemado de Wells Tower, un autor que parece un cruce entre Raymond Carver y Tobias Wolff.
-No es mucho cruce entonces.
Vale, es cierto, no lo suficiente como para crear una nueva especie de escritor, el resultado se aproximaría más a aquel animal mitológico que describía Woody Allen en sus cuentos desplumados: el gran Congón, con cuerpo de león y cabeza de león, pero de otro león distinto. Y con esto creo que dejo perfectamente aclarado dónde situar a Tower.
-Si tú lo dices.
Si te gusta Carver (como a mí) y si te gusta Wolff (como a mí) ¿qué interés puede tener un escritor que imita una mezcla de ambos pero sin llegar a alcanzar su calidad? O sea, ¿qué interés tiene el gran Congón? ¿Se puede comparar con el impactante Ligre?
Bueno, pues no es totalmente desechable, el gran Congón tiene el atractivo de que tú sabes que esa cabeza no es realmente suya.
-Yo ya me he perdido, ¿podías dejarte de leches y hablar claro?
Quiero decir que, pese a todo, Tower tiene algunos relatos muy buenos en este libro. Los relatos en los que se intuye la mejor herencia de Carver y los mejores genes de Wolf. Otros ya se me han olvidado, lo juro.
Los temas dominantes en el libro son la frustración, la violencia, la desorientación del ser humano, la soledad y la incomunicación con los otros. Y un marco ideal para trabajar todo esto es la familia, esa gran institución, cómo no.
He elegido uno de los relatos que más me han gustado y donde todos estos factores se dan con claridad para hablar un poco sobre él, Leopardo, que además da la casualidad que estaba en Internet por si lo queréis leer y saber de qué cojones hablo. Animaos, es corto, se lee fácil.
En este relato vemos las complicadas relaciones de una familia desestructurada donde nos encontramos a un niño, pre adolescente, en un hogar no muy acogedor y donde todo apunta a que no se preocupan mucho de él.
Uno de los grandes aciertos del relato es que la relación padrastro-hijo, en torno a la que gira todo, no se resuelve con simpleza; uno no es el malo absoluto y otro la víctima inocente, sino que tiene muchos matices que le dan una complejidad muy verosímil. La relación está sustentada en la violencia, (la violencia es el gran tema que recorre el relato de principio a fin: violencia manifiesta y violencia latente en forma de amenaza, de leopardo oculto en la maleza). Y no hay un lugar en el mundo, por mucho que uno se esconda y aisle en las montañas, a salvo de esa violencia,
-porque la llevamos con nosotros. ..
-De acuerdo, el tema no es nuevo, nunca lo es, pero sí la historia, el conflicto, que elige Tower para contárnoslo.
El chaval odia al padrastro, lo teme, pero vemos que no es inmune al aprendizaje que está recibiendo de él, de hecho, comprobamos que está condenado a seguir su mismo camino. Lo vemos cuando se produce el ataque a la cabaña del niño vecino, en ese acto vandálico comulgan ambos, comparten y disfrutan el sabor de la venganza. También lo vemos cuando el protagonista desprecia al policía que le ofrece ayuda por creer la mentira que él mismo le ha contado, siente pena por él (en cambio su padrastro nunca le cree así que suponemos que pese a odiarlo, al menos lo respeta). Y lo vemos también en la escena en la que el padrastro humilla al padre de verdad: un trauma que perseguirá al protagonista durante muchos años.
El niño dice que está esperando a tener 16 años para pelearse con su padrastro. Pero no habrá que esperar tanto tiempo ya que al final asistimos al primer enfrentamiento con él cuando el chico se niega a obedecerle 3 veces (qué bíblico). Es el principio de la batalla, ya se ha desatado.
¿Y quién es este narrador tan chocante, en 2ª persona? ¿Quién increpa al protagonista con esa rudeza? A mí me parece que es el propio chico contándose a sí mismo la historia desde el futuro, pues no es una voz infantil y además maneja datos posteriores (como lo que dice de que esa imagen del padre humillado le perseguirá durante años). Es una forma hábil de desdoblamiento, de reflexionar sobre el pasado, sobre ese momento decisivo en su vida. Además sirve para que intuyamos en qué se ha convertido ese niño finalmente (en alguien que desprecia cualquier señal de debilidad, en una réplica de su padrastro). Esta 2ª persona también es un buen truco para ganarse la confianza del lector, ya que enseguida comprendemos que el niño es bastante mentiroso. Así la historia no da la sensación de ser tan sesgada, no desconfiamos tanto de él. Vemos que hay desde luego una gran proximidad con el niño, pero también hay partes más objetivas y distanciadas en las que casi abarcamos el cuadro completo. Este narrador nos hace dudar de todos los personajes por igual. Por eso creo que el uso de este llamativo narrador está plenamente justificado, no obedece únicamente a una cuestión estética para el lucimiento del autor. No es sencillo, por otra parte, resolver bien un narrador en 2ª persona y aquí Wells creo que lo borda.
El leopardo de Tower, opera en dos niveles en el relato: el real y el metafórico. Es una amenaza palpable, está la octavilla que el niño encuentra diciendo que se ha escapado de una finca, pero también se convierte en el receptor de esa amenaza general, latente del conflicto familiar tremendo que se avecina. Wells, con gran acierto, deja el relato abierto en ese punto donde cada lector puede decidir si el leopardo va a aparecer de entre la espesura para abalanzarse sobre el padrastro, o si va a permanecer instalado en sus vidas como un símbolo de peligro inminente y constante. Wells muestra su genialidad al aunar ambos niveles y así sacar todo el potencial de ambos.

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