Me preguntan por ahí si tengo alguna poesía de la que esté satisfecha. Sólo recuerdo esta, muy breve, en la que como decía, la distancia entre lo que necesitaba expresar y el resultado final no fue tan abrumadora como suele serlo habitualmente. No entro a valorar otros aspectos.
El poema lo escribí hace mucho, cuando todavía estaba viva, creo que ya entonces empezaba a intuir mi futuro de zombie.
En el aserradero yo sabía
que el peligro de muerte latía en la madera,
y en mi respiración,
y en cada músculo,
y en el crujir de un tronco a seis metros del suelo.
Nada me era más vivo
que las finas astillas sajándome los dedos,
o aquella oscuridad entre las grietas
oliendo a desafío, a humedad,
a silencio.
Nada supe tan cierto
como el gobierno oscuro de mi cuerpo.
Nada tan inmediato
como mi libertad.
Y mi distancia.

Muy chulo. Yo tb iba a ese aserradero.
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