jueves, 19 de mayo de 2011

Mi sombra a lo lejos, Lewis Trondheim



Los que me seguís ya estáis al corriente, soy muy fan de Trondheim. Así que me he leído Mi sombra a lo lejos con devoción. Lo he dejado todo, una fila de libros que habían pillado número de la máquina lectora de esta zombie y hacían cola ordenadamente en mi mesilla hasta que les tocase turno.
Trondheim no hace cola, no señor, tiene pase VIP y alfombra roja directa hasta mis manos. Así que ya veis: nadie podría tener mejor disposición hacia este cómic que yo.
Y pese a todo, me ha decepcionado. Ay, me duele admitir esto. Lewis, Lewis, ¿qué estás haciendo, mon amour? Empezaste muy bien con Mis circunstancias, mantuviste más o menos el nivel (un poco más bajo pero aún así aceptable) con El síndrome del Prisionero y ahora vas y la pifias con este libro que ha pasado de la observación inteligente, a veces poética, a veces irónica, a veces ácida y (auto)crítica, a la anécdota más obvia, vacua y sinsustancia.
Lewis, Lewis, ¿qué es esto, un puto diario adolescente? Mira que los dibujos la verdad es que cada vez están mejor. Aquí nada que objetar, pero en serio, mon chéri, ¿tú crees que a alguien le interesa (abro el libro al azar) este profundo pensamiento (Cito):
“Es curioso” “Gracias a la increíble mediocridad de Indiana Jones IV disfruto volviendo a ver la II que nunca me había gustado”. (Una página a color)
Fíjate que incluso estoy de acuerdo con el comentario pero aún así… joder, muy flojillo ¿no? Nos tienes acostumbrados a comentarios mucho más jugosos y originales. De verdad, Trondheim (no sé ni si me apetece tutearte en este momento) para contar eso ya existe el famoso refrán que lo resume estupendamente: “Otros peores vendrán que bueno te volverán” (o algo parecido). Y mira, me lo acabas de poner a huevo, lo cierto es que este cómic hace mejor el de El síndrome, que había bajado ya un poco el listón.

Debo aclarar llegados a este punto que no todo es malo en Mi sombra a lo lejos, no, por mucho que Lewis saque su peor cara, sigue teniendo destellos de genialidad.  Pero están demasiado arropados por una mayoría mediocre cuando no mala directamente y casi pasan desapercibidos.
Me da la sensación, corrígeme si me equivoco, mon ami, de que tras ver el éxito del primer cómic (de esta serie autobiográfica titulada Las pequeñeces de L.T) dijiste, hala, venga, aquí tengo una mina de oro, y te pusiste a apuntar a saco todo lo que se te pasaba por la cabeza, (hasta aquí bien) pero cada vez el filtro literario fue yendo a menos, y al final, nada, ya no ponías ni un filtro de esos blandengues de cafetera, y todas las ocurrencias felices e infelices pasaban al papel para hacer relleno (y ventas) juntas y revueltas. ¿Es así o no es así, Trondheim? Confiesa.

Por muy lúcida que sea una mente, y no dudo que la tuya lo es, (o al menos tu mirada siempre me ha parecido lúcida), a lo largo de un día llegan hasta ella cientos de tonterías que ni siquiera nos parecen dignas de ser mentadas, ¿sabes a lo que me refiero, Lewis? Son las tonterías espontáneas que a nada que uno las piense dos veces tira directamente a la basura, esas que uno quizá empieza a comentar a su pareja “¿Te has fijao…?, y el otro dice “¿en qué?” y tú replicas, “No, nada, una gilipollez”, y le ahorras al mundo una chorrada que no sirve más que para subrayar el atocinamiento general del intelecto humano.
Bueno, pues haz el favor de pensarte un par de veces tu próximo cómic autobiográfico para evitarnos todas esas pajas mentales porque si no lo llevas clarinete, que hasta los más fans tenemos un límite y no nos gusta que nos saquen lo cuartos por la cara, aprovechándose de nuestro amor y buena fe. No confundamos pequeñeces con memeces, please.

-Vaya fanfarronada, zombie, venga, que te he visto ponerle ojitos al nuevo cómic de Trondheim de esta colección que has descubierto mientras buscabas fotos para ilustrar esta entrada…
-Es verdad, lo reconozco, he visto que hay otro par de cómics titulados La felicidad inquieta y La maldición del paraguas y ya estoy deseando tenerlos entre mis manos. ¡Aig!
-¡Qué poca vergüenza y qué falta de honestidad!
-Ahí te equivocas, majo, precisamente estaba tratando de superar mi fanatismo sin límites para hacer un comentario más objetivo ¡pero tú lo has arruinado todo!
-Anda a cagar…
-…y tú más.

Ah, se me olvidaba, en este cómic Trondheim tiene 3 páginas dedicadas a meditar sobre el mundo de los zombies, y eso, lo admito es lo que más cachonda me ha puesto. No os las puedo subir al blog porque tengo la cámara de fotos sin batería pero os puedo escribir el texto:

Conversaciones interesantes en el mundillo del cómic I:

Tipo 1: Para hacer más realistas a los zombis hay teorías que dicen que los muertos vivientes comen cerebros por la endorfina que contienen.
Tipo 2: Eso les alivia momentáneamente del dolor permanente que sienten.
Tipo 1: Pero en ese caso podrían comer animales. Entre 5 o 6 podrían atacar a una vaca y comerse su cerebro.
Lewis: ¡Estás loco! ¡Eso no es nada creíble!
Lewis: Para mangar una vaca hacen falta de 35 a 40 zombis.

Tenéis el privilegio de que una auténtica zombie os ilumine sobre el tema:
1)      No comemos por las endorfinas, en realidad, comemos el cerebro y todo lo que se tercie. No es ni hambre; es pura ansiedad. Una ansiedad insaciable.
2)      No les hacemos ascos a las vacas ni a los perros ni a nada que se menee, pero cazar un humano nos causa un morbo especial, es como una especie de venganza, los zombies sentimos un oscuro rencor hacia los vivos, hacia aquello que no podremos volver a tener.
3)      Para cargarnos una vaca nos bastamos con diez zombies, siempre que no estén demasiado putrefactos o mutilados.


Conversaciones interesantes en el mundillo del cómic II: El Regreso

Tipo 1: ¿Sabes cuál es el primer relato que anuncia los muertos vivientes?
Lewis: Eh…No.
Tipo 1: “Los pitufos negros”. Cuando a un pitufo le muerde un pitufo negro, se vuelve negro, pierde su capacidad mental y se vuelve agresivo.
Lewis: Ah, sí…1959…
Tipo 1: Mientras que “La noche de los muertos vivientes” de Romero es de 1968..Pero no creo que Romero hubiese leído los Pitufos.

Aclaraciones:

1)      Me encantaban los pitufos y los pitufos negros era uno de mis títulos preferidos (se ve que ya iba yo encaminada…) pero tengo que hacer una puntualización importante: es muy frecuente entre los vivos confundir a los zombies (muertos vivientes) con los infectados (que como los pitufos negros no son seres que han fallecido y vuelto a la vida sino que, estando vivos, han sido contagiados por una extraña enfermedad, casi siempre fruto de perversos experimentos, que los convierte en muertos vivientes). Yo pertenezco al primer grupo, al zombie digamos de toda la vida y no a las posteriores versiones tipo Resident Evil.


Conversaciones interesantes en el mundillo del cómic III:

Tipo 1: Allan iba de mala fe con su numerito de zombi para mangar una vaca.
Lewis: Sí. A pesar de todo, un zombi camina despacio. Puede llegar hasta la vaca sin asustarla. Pero también huele a cadáver. La vaca se asustará cuando se le acerque.
Tipo 1: Pero sobre todo tendría que morderle a la vaca en algún sitio donde la piel no fuese muy gruesa. Si no, no le haría nada. Las ubres, el cuello quizá..
Lewis: (pensativo) Mmm..

Aclaración:

1)      Los zombies nunca desfallecemos y esa es nuestra principal baza. La vaca, como todos, se acaba cansando. Nosotros no sentimos cansancio. Estamos muertos, joder. No somos tan tontos como parecemos; sabemos acercarnos con sigilo y a contra viento. Otro punto a nuestro favor es ese: siempre nos subestiman.

Y esto es todo lo que os voy a enseñar hoy sobre el mundo de los zombies y sobre el cómic de Lewis Trondheim Mi sombra a lo lejos.

4 comentarios:

  1. Querida zombie, hace unos meses te comenté en tu blog que este sin un buen guionísta no hacía nada, te acuerdas?? Ya te lo decía yoooooo.....
    Tu querida Cruella

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  2. Ah, cómo te gusta hacer leña del Trondheim caído...
    Pero sigo sin estar de acuerdo, cuando se lo curra Lewis es un estupendo guionista, mejor incluso que dibujante.

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  3. Lo de comparar los pitufos negros con los zombies me ha hecho mucha gracia.

    PD. Vine al trastear con un relato de Fadanelli, luego estaba por aquí Clement Cadou con el que hablé ayer. Y me ha hecho gracia. Supongo que el mundo es un pañuelo y más si uno gira alrededor de ese grande que es Fadanelli.

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  4. Pues bienvenido, Vigo y espero verte y leerte por aquí.
    Saludos

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