Cuando tienes insomnio y te da por ponerte a formar versos mentalmente sucede como cuando estás borracho o fumao, todo te parece cojonudo, epifánico, lo más de lo más... hasta que se te pasa el colocón o te levantas por la mañana y buscas una hoja para apuntar tus grandes ideas. Entonces, conforme estas bellas y etéreas musas van tomando forma de temblorosa caligrafía, comienzan a mostrar su verdadera cara de viejas leprosas desdentadas.
¿Por qué no he tirado entonces este engendro a la basura? Por Juan, porque creo que a él le llegará al alma. El fiel enemigo y odiador del pobre winnie.
Va por ti, Juan, se siente:
Con una manta de winnie the pooh en el sofá,
no quisieras que nadie pudiese verte así,
cinco de la mañana,
durmiendo en el sofá con una manta
del puto oso de pooh.
Es una ley sagrada:
engendrarás un hijo y pese al arduo empeño
que pondrás en tus fosos,
pasillos levadizos
y fronteras,
winnie de pooh se colará en tu casa,
igual que una alimaña,
o un ciempiés plateado que surge del lavabo
con la lluvia.
La lluvia es algo que sólo debería ocurrir fuera.
No te darás ni cuenta pero un día
girarás la cabeza y hallarás a tu vástago
succionando un chupete
con la cara naranja,
mofletuda
y pringosa
del oso hijo de puta.
No luches,
da igual cuanto lo intentes;
winnie está en todas partes,
este es sólo el comienzo.
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| Winnie, el odi-oso, el merodeador eterno |

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