sábado, 12 de febrero de 2011

Que no se me olvide:


que esta mañana cuando subía al centro he descubierto en un chopo del río una convención secreta de picarazas. No quedaba rama libre. Parecía uno de esos árboles que se llenan de plegarias en Japón. Plegarias negras y blancas, y ruidosas.

Un poco más adelante, una ardilla supermana ha saltado de un pino a un platanero por encima de mi cabeza. Luego la he seguido en su recorrido acrobático por el pelado laberinto de varios árboles, hasta que se ha perdido en el rascacielos de una secuoya. He querido pensar que iba a ser un buen presagio.



Lo ha sido porque en el mercado viejo me encontrado con una amiga a la que no veía hacía tiempo y nos hemos tomado un pincho y una caña tan a gusto.
También he estado con mi sobrina a la que acaba de salirle la pala de arriba y es un descojono verla cuando se ríe, con esas carcajadas de abuela que ahora le ha dado por probar.
De vuelta a casa he comprado en lo viejo un cómic de Shigeru Mizuki que tiene muy buena pinta, he bajado saboreando anticipadamente su lectura, que haré este domingo por la tarde, cuando el domingo más dominguea, tumbada en el sofá.

Que no se me olvide que las mañanas redondas a veces aparecen como el lomo fugaz de una ballena justo cuando uno está mirando.

1 comentarios:

  1. Me gusta cómo escribe la zombi, parece tan viva!!!!

    ResponderSuprimir