Hay cosas que es mejor no tratar de explicar, que, como suele decirse, “es pa verlas con nuestros ojos”.
Por esta razón prefiero empezar citando unos cuantos fragmentos que resumen grosso modo el contenido de este diminuto pero controvertido librito y que seáis vosotros mismos los que juzguéis:
“[…] La lectura llevada a cabo deliberadamente –lo que podríamos llamar lectura volitiva- no es lectura, al igual que la erudición no es la cultura. La lectura verdadera es una acción refleja; el lector nato lee de forma tan inconsciente como respira; y, llevando la analogía un poco más lejos, la lectura no es más una virtud que el hecho de respirar.
[…] ¿Por qué deberíamos ser todos lectores? No se espera de todos nosotros que seamos músicos; pero debemos leer; y, así, los que no pueden leer creativamente leen mecánicamente, ¡como un hombre sin aptitudes para tocar el violín que considerara un logro equivalente el chirrido del organillo! Hay que entender de entrada que, en materia de lectura, los verdaderos infractores no son los que se limitan a leer basura reconocida como tal. El devorador confeso de ficción trivial no perjudica a nadie. El que se deleita con la novedad del día no supone ningún estorbo serio para el desarrollo de la literatura.
[…] el lector mecánico sólo se convierte en un peligro para las letras cuando se aparta de sus pastos predestinados.
[…] Leer no es una virtud; pero leer bien es un arte, un arte que sólo el lector nato puede adquirir. El don de la lectura no es ninguna excepción a la regla de que todos los dones naturales necesitan cultivarse mediante la práctica y la disciplina; pero si la aptitud innata no existe, la formación será inútil. El error del lector mecánico es creer que las intenciones pueden sustituir a la aptitud.
[…] Es probable que si sólo leyeran los que saben leer, sólo producirían libros los que saben escribir. Pero el hecho de haber estimulado al escritor mecánico es el menor de los delitos del lector mecánico.
[…]El lector mecánico, con su demanda de literatura peptonizada y su incapacidad para distinguir entre el fin y los medios, ha hecho que las tendencias de la crítica se descaminaran, o, mejor dicho, ha producido una criatura a su propia imagen: el crítico mecánico.
[…] Así es cómo el lector mecánico actúa sistemáticamente contra lo mejor en literatura. Evidentemente, a quien más perjudica es al escritor.”
(os pido que leáis el libro entero para que esto no me quede muy sesgado, no me apetece copiar más)
¿Qué os parece? No me negaréis que por lo menos no es la tradicional y políticamente correcta patochada en pro de la lectura universal.
Yo, tras leerlo, hice un experimento: pasé el libro a los compañeros zombies que habitualmente veo leyendo por los túneles, quería saber su opinión.
¡Joder! ¡Se pusieron de uñas! Nazi fue lo más suave que le dedicaron a esta señora. Creo que, curiosamente, todos se sintieron muy, muy ofendidos… pero, ¿por qué? Empecé a pensar que igual era yo la rara –una vez más- por no haberme dado cuenta de la gravedad que subyacía en tales declaraciones: soy tan descerebrada que enseguida me convencen de cualquier cosa.
Así que quise ponerme de su lado, unirme a la multitud enfurecida con antorchas y rastrillos alzados. Siempre hay que estar contra los nazis, ¡hombre, por dios bendito!
Me releí el librito con mis gafas super críticas y me dije: “no, maja, no, no me vas a liar tan rápidamente. Que eres una nazi. Voy a desmontar todas tus sucias trampitas demagógicas y te voy a dejar con el culo al aire”.
Lo intenté en balde; si leéis el texto con rigor (entero sería mejor), veréis que no hay tales trampas, la sinvergüenza lo tiene todo bien atado. No hay por dónde pillarla si nos atenemos estrictamente a sus razonamientos. Podemos no estar de acuerdo, obviamente, pero no es una nazi. Quizá algo radical, categórica; vamos a dejarlo en Rottenmeier.
En ese sentido, sí apuntaría que la autora podría haber sido más flexible y haber abierto más el abanico de lectores que baraja; no se puede reducir el total de éstos a tres estrictas categorías: los que leen basura porque su inteligencia lectora no les da para más y se conforman con eso, los lectores mecánicos que siendo de esa primera categoría no obstante se obligan a leer y opinan de la literatura de calidad aunque no entiendan nada, y los lectores natos que leen porque les es algo tan necesario como respirar.
Como digo, me parece que eso es reducir y limitar bastante. Existen más categorías, quizá tantas como personas, pero también podría argumentarse que a Wharton le interesaba en este libro centrarse en el peligro de los denominados lectores mecánicos. (Por poner sólo un caso, también está el lector que, pese a disfrutar de la literatura elevada, a veces se pone tareas y acomete ciertas lecturas por una especie de obligación consigo mismo. Y a veces, de algo que ha partido como una imposición personal, surge algo placentero. Porque obligación o esfuerzo no tienen por qué ir siempre de la mano del sufrimiento. En ocasiones no se trata más que de obligarse a superar prejuicios, o perezas.)
He aquí el matiz que yo introduciría.
También quiero dejar claro que, en mi opinión, existe la posibilidad de evolucionar, no me molan esos determinismos, esa predestinación inamovible. Me sublevo ante eso de que “nuestro carácter es nuestro destino” (o en este caso nuestra aptitud). Aunque se cumpla en un 80%, hay que reclamar ese 20% de libre albedrío o de voluntad y capacidad de aprendizaje. Una persona puede madurar, un lector también. No me creo que los que no están dotados extraordinariamente y de forma innata para la lectura no puedan conseguir un progreso, no puedan llegar a gozar (aunque sea a otros niveles) de lo sublime y llegar a ser buenos lectores. Me niego me niego y me niego.
-El que tanto niega es porque algo le pica, ¿no?
-Pues igual va a ser eso, que al final muchos nos vemos reflejados en comportamientos estúpidos y no nos gusta una mierda. Queremos que nos digan lo listos y guapos que somos y no que nos señalen nuestros errores. A todos nos jode que una señora, nazi de mierda, pueda tacharnos de lectores mediocres.
Bueno. Recapitulemos que creo que ya empiezo a desvariar. Matizadas estas pequeñas cuestiones, estoy de acuerdo con Wharton en lo esencial: si decididamente no amas leer, no hayas gozo en ello, dedícate a otra cosa, que no se hunde el mundo. Leer no es una cualidad virtuosa (como el ahorro o la puntualidad) que deba cultivarse obligatoriamente. Esa mentalidad realmente puede llegar a pervertir y contaminarlo todo.
Leer debe resultarnos un verdadero vicio.



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